El viejo y el mar, de Ernest Hemingway

El viejo y el mar, de Ernest Hemingway

La magia de los buenos libros

El viejo y el mar es una hermosa joya de la literatura con la que un día me tropecé literalmente en una librería. Como soy de esas personas que asume los imprevistos como señales, me llevé el libro al casa (lo pagué, si).

Nunca había leído a Hemingway, pero lo tenía en esa lista mental de autores interminable que muchos lectores tenemos en la cabeza.

El viejo y el mar fue una revelación. Hacía mucho tiempo, desde Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Haruki Murakami), que un libro no me engullía y me llevaba a otro mundo durante horas de lectura.

Mucho tiempo desde que no sentía que podía tocar al protagonista con mis dedos. Y no lo sentía porque es sencillamente mágico. No todos los libros llevan a ese nivel de abstracción, a ese otro estado mental.

El viejo y el mar

Este es un libro cortísimo, pues se trata de un relato que le encargó la revista LIFE a Hemingway en 1953, novela por la que recibió el Premio Pulitzer un año más tarde.

El viejo y el mar cuenta la historia de un pescador de La Habana curtido en años y experiencias, a quien imagino con las manos arrugadas y los ojos azules preciosos y enormes, vivos.

Cover of LIFE magazine dated 09-01-1952 w. picture of author Ernest Hemingway taken by Alfred Eisenstaedt
Santiago, quien lleva más de 85 días sin que ni un solo pez pique su anzuelo, se lanza casi por última vez y a la desesperada a un océano que es un viejo amigo y a la vez un traidor, que no le ha arrojado felicidad en tanto tiempo.

Con la única esperanza que le queda, y sin la valiosa ayuda de su pequeño amigo, un jovencito enérgico que le debe todo al viejo por enseñarle el arte de la pesca; Santiago decide partir rumbo a pescar el pez más grande.

Su objetivo no estará tan lejos de la realidad. El viejo siente, durante el primer día de la travesía, que un pez atípico ha mordido el anzuelo y está conectado a él mediante el sedal. Con la esperanza más viva que nunca y el cuerpo rozando la muerte, el viejo comienza a armar la estrategia que le llevará a llevarse al pez consigo.

Pero este no se lo pondrá fácil, y lo tendrá tres largos días bajo su poder, arrastrando lentamente el bote. Finalmente, y tras una lucha que tendrá al lector al borde de la desesperación, como al protagonista, Santiago conseguirá a punta de arpón aniquilar al hermoso marlín y comenzar la vuelta a La Habana.

Sin embargo, la vida siempre nos tiene guardara una carta inesperada, y el viejo comprueba como la sangre del enorme pez atrae a un tiburón que ataca a la presa. Santiago hace acopio de las últimas fuerzas mentales y físicas que le quedan para acabar con el tiburón, no sin que éste le de un buen bocado al marlín.

Desesperado, el viejo ve como su sueño convertido en pescado va siendo presa no de uno, sino de seis tiburones más, que desmenuzarán al pescado dejando solamente la cabeza y la enorme espina, con la que Santiago no podrá comer ni ganar dinero.

Finalmente el pescador llegará casi arrastrándose de cansancio y sed a su cabaña, donde el joven le estará esperando desesperado y le cuidará mientras la gente con asombro comprueba en el embarcadero la gran espina que reposa junto a la barca de Santiago, y todos se imaginan qué historia hay detrás de semejante imagen.

¿Es el viejo y el mar la mejor novela del siglo XX?

Santiago, que se cree un superviviente perdedor, no será consciente de su gran hazaña, que no es otra que la de llevar la lucha y la valentía hasta niveles insospechables.

La travesía del viejo es un viaje a los más profundos adentros del ser humano, una lucha contra la desesperación en la más absoluta soledad y un ejemplo de superación.

Pero este relato no solamente es la brillante historia que carga, sino también esa maravillosa forma de describir y narrar el paisaje y los pensamientos del protagonista, en dos voces, con palabras sencillas pero certeras; que son algunas de las cualidades por las que Hemingway ganaría el Nobel unos años más tarde.


"Contempló el mar y comprendió lo solo que estaba ahora. Sin embargo, veía los cabrilleos en el agua profunda, el sedal que se extendía por delante y la extraña ondulación de las olas. Empezaban a acumularse nubes arrastradas por los vientos alisios y, al mirar a lo lejos, esbozada en el cielo vio una bandada de patos que se desdibujaba y luego volvía a hacerse visible y supo que nadie está nunca solo en el mar."

El viejo y el mar es un libro con regusto salado pero amargo. Una obra que no te dejará indiferente.

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