Lucia Berlin: Manual para mujeres de la limpieza

Lucia Berlin: Manual para mujeres de la limpieza

Manual para mujeres de la limpieza

Lucia Berlin (¡ojo!, sin acentos, se pronuncia "Lu-see-a") nació en 1936, año en que moría Pablo Neruda. Es una coincidencia como cualquier otra, pero a veces las coincidencias no lo son tanto.

Es muy probable que si estás leyendo este post ya has escuchado algo de ella, has leído su libro (Manual para mujeres de la limpieza), o estás buscando opiniones para decidirte a leerlo. Si es así, no te hago perder más tiempo: léelo, es fantástico.

Manual para mujeres de la limpieza es una pieza muy fresca, muy novedosa dentro de su realidad ficcionada tan típica en temas y en formatos (relatos cortos). Entonces, ¿qué es lo que hace este libro tan especial? Yo diría que lo diferencia a esta obra de muchas otras son tres aspectos esenciales:

  1. Está escrito por una mujer genuina
  2. La calidad de los cuentos es comparable a la de Chéjov
  3. Nadie describe con tanto humor y destreza la miseria sin provocar ni un ápice de compasión

Este libro está compuesto por 43 relatos magníficos. El título proviene de uno de ellos, en el que Lucia cuenta al resto de mujeres de la limpieza (nanas, como dirían en Chile) algunos consejos para sobrevivir en tan humilde y a veces poco agradecido empleo.

Si bien sus cuentos se consideran "de ficción", el lector intuye rápido que todos comparten esa consecuencia irreparable del vivir, del enfrentarse a lo que viene en la vida como quien sale a encontrarse con la tormenta.

¿Y qué hay más real que eso?

Otra de las características que comparten sus cuentos es que están contados y representados por Mujeres. Mujeres completas, pasionales, inteligentes, únicas, irónicas, contradictorias... en definitiva muy vivas. Y todas ellas no son otra que ella misma: Lucia.

Así pues, ella está siempre presente de alguna manera. En algunas ocasiones es la protagonista principal (la mayoría), y en otras aparece como la sombra de la protagonista. Digamos que en el caso de Berlin, no solo se encarga de narrar las historias, sino también de vivirlas.

Berlin consigue contagiar al lector de un amor incondicional por la vida, casi fanático, a pesar de que pocas de las historias son felices, la desdicha de sus protagonistas se vive de tal manera, que en vez de sentir pena el lector se ve acorralado por un sentimiento que casi es de envidia.

Y acá, intentando describir a las protagonistas de Berlin, que en el fondo es ella, se me viene una frase de Cortázar con la que describe a la Maga en boca de Horacio:

¿Cómo le podés tener lástima a una gata, a una leona? Máquinas de vivir, perfectos relámpagos.

Yo no lo hubiera descrito mejor.

En cuanto a su prosa, es ágil, rápida (puede narrar cuatro acciones distintas en dos frases, tres años en media página y sin olvidar un detalle). También con ese frenesí es como viven las protagonistas de las historias, quienes ven la muerte de una u otra manera, pero siempre cerca.

Además, leer a Berlin es vivir con ella las historias con un realismo que podría compararse con el del cine. Pequeños cortometrajes con planos cerrados de manos arrugadas, flores bailando al son de las suaves brisas, el detalle de los cabellos de los personajes, la descripción de los olores evocando países o nostalgias.

¿Quién fue Lucia Berlin?

Lucia nació en Alaska en 1933. El trabajo de su padre (ingeniero en minas) , fue la causa de que ella, su padre y su madre (otra mujer cuya sombra aparece más de lo que parece en los relatos) vivieran en distintos países.

Tras Estados Unidos, la familia vivió en México (El Paso) y Chile (Santiago). Lucia acabaría la secundaria en Chile para después asistir a la universidad en Nuevo México y ahí comenzar su vida adulta, que la llevaría de nuevo a ciudades como Nueva York, otra vez México, y finalmente California, donde moriría a causa de un cáncer de pulmón en 2004.

Todos estos países en los que ella vivió aparecen como telón de fondo en todos los relatos, ya sea a través de su gente, su clima, o el olor de sus plantas más significativas.

A largo de su vida, Lucia pasó por etapas de gran riqueza (sobre todo la de Chile), y también por profundas miserias (tuvo un marido adicto, vio morir a su hermana de cáncer y a su abuelo y su madre aferrados a una botella de alcohol durante toda su vida).

Ella misma cayó en el alcoholismo y lidió sola con tal enfermedad durante varios años de su vida.

Lucia vivió rápido. A los treinta y cinco años ya tenía cuatro hijos a su cargo y tres ex-maridos. Además, a esa misma edad había pasado por todo tipo de trabajos para poder sacar a sus hijos adelante: nana, secretaria, enfermera, cajera, profesora de universidad... entre otros.

Trabajó también en la cárcel, en lavanderías e incluso fue voluntaria en las poblaciones chilenas de los '50.

En todo caso, fueron dos los trabajos que mejor se le dieron: el primero fue el de profesora de universidad, donde se ganó el cariño de todos sus alumnos y el respeto de sus compañeros. El segundo fue, obviamente, el de escritora.

Vivió en los barrios más ricos y en los más pobres, rodeada acaso de borrachos de ciudad en unas ocasiones y de príncipes de países lejanos en otras.

Toda esta vida, si bien no es exactamente la que aparece en los cuentos, si se puede entrever en las historias de Manual para mujeres de la limpieza.


Si bien escribió tres libros en vida, el destino no le permitió asistir a su propia cita con la fama.

Alrededor de diez años más tarde de su muerte, 44 de los 77 cuentos que Lucia escribió fueron publicados bajo el nombre Manual para mujeres de la limpieza. El año de su publicación (2015) en Estados Unidos, Lucia vendió más ejemplares en dos semanas que todo lo que había vendido en vida.

Obtuvo varios premios y en 2016 se lanzó en español, obteniendo el mismo éxito que en su país natal.

Aún así, la historia no ha acabado de hacerle justicia. Berlin debería encontrarse en las listas de los mejores cuentistas del siglo XX.

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