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Todo en él era viejo excepto sus ojos, que tenían el mismo color que el mar

Fragmento de El viejo y el mar de Ernest Hemingway: Todo en él era viejo excepto sus ojos, que tenían el mismo color que el mar
La cara y sus manos tenían las agrietadas cicatrices que causa el sedal al manipularlo cuando pican los peces grandes.<!--more--> Pero ninguna de ellas era reciente. Eran viejas como surcos en un desierto sin peces. Todo en él era viejo excepto sus ojos, que tenían el mismo color que el mar y eran alegres e indómitos. - Santiago -le dijo el chico mientras subían por la orilla donde había quedado varado el bote-, podría volver con usted. Hemos ganado un buen dinero. &nbsp;