El mapa y el territorio

Novelas

El mapa y el territorio

Michel Houellebecq

(2010)

Si Jed Martin, el protagonista de esta novela, tuviera que contarles la historia, quizá comenzase hablando de una avería del calentador, un 15 de diciembre. O de su padre, arquitecto conocido con quien pasó a solas muchas noches navideñas. Evocaría a Olga, una rusa a la que conoce al principio de su carrera en la exposición de su obra fotográfica, consistente en los mapas de carreteras Michelin. Después llegará el éxito mundial con la serie de «oficios», retratos de personalidades de todos los sectores. También referiría cómo ayudó al comisario Jasselin a dilucidar un caso criminal atroz. Al final de su vida, Jed ya sólo emitirá murmullos. El arte, el dinero, el amor, la muerte, el trabajo, son algunos de los temas de esta novela decididamente clásica y abiertamente moderna. «El Premio Goncourt habría perdido toda credibilidad y se habría deshonrado si hubiese tenido la arrogancia de denigrar esta gran novela» (Nelly Kaprièlian, Les Inrockuptibles). «Magistral de principio a fin» (Le Figaro). «En contra de lo que cabría suponer de una obra de tan magnitud que parece no imponerse límite ni restricción alguna, no hay pasajes crípticos en el texto. Por decirlo de alguna manera, se lee con la fluidez y la expectación de una novela apasionada cuyo ritmo, pese a su densidad conceptual, no desfallece en ningún instante. El mérito debe atribuirse a la construcción del formidable artefacto literario, que nunca rechina, y a la alta calidad de la prosa que mantiene el pulso de la primera a la última línea? La novela ha abordado desde puntos de vista críticos las relaciones de familia, el amor, las perversidades del capitalismo salvaje, su influencia en el arte contemporáneo y hasta qué punto coarta la libertad del artista. Han intervenido ya otras personas con nombres y apellidos ?así el novelista Frédéric Beigbeder, autor de 13,99 euros y Una novela francesa, o la editora Teresa Cremisi de Flammarion? pero la irrupción de Houellebecq es abrumadoramente espectacular y capital? Imposible de transmitir la ironía, el sarcasmo, el tono corrosivo, pero también el fondo sensible, la nostalgia, la tristeza, la impotencia, la sabiduría y la agudeza que exuda el texto por todos sus poros. Creo que estamos antes un libro serio, honesto, valiente, que por fuerza consagra a quien lo ha escrito cualquiera que sea la fama que arrastre» (Robert Saladrigas, La Vanguardia).

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